Miércoles, 24 Enero 2018 00:00

Sociedad democrática urge a la oposición de una estrategia para derrotar la dictadura en la presidencial

 
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Convencer a un electorado desesperanzado es de las acciones urgentes para la oposición, a fin de transformar el descontento social en capital político para el cambio Convencer a un electorado desesperanzado es de las acciones urgentes para la oposición, a fin de transformar el descontento social en capital político para el cambio Foto cortesía El Carabobeño

La somnolencia, consecuencia, tal parece, de una bofetada tras otra, ha resaltado durante las horas que han transcurrido desde que el capitán Cabello anunció que la dictadura celebrará elecciones. El dilema sobre participar o no ha desplazado el que puede ser un debate más trascendental: cuál será la estrategia (que implica escoger el candidato, presentar un plan de gobierno y defender el voto) para llevar a Venezuela a un tiempo de democracia nueva. El tiempo transcurre y el país, desesperanzado, apuesta por lo que podría ser una última oportunidad.

@marcosdavidv

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Lo que se advirtió, ocurrió: la dictadura impuso la fecha de la elección para Presidente de la República y la oposición no tiene un candidato para enfrentar a Nicolás Maduro.

El primer día post anuncio transcurrió entre tímidos asomos sobre lo que podrían ser los próximos meses y, sobre todo, con el dilema persistente: participar o no.

Lo que sí dejó la jornada fue una palabra en la que coincidieron voces variopintas: estrategia. El 15 de octubre hubo participación opositora y el partido de la dictadura arrasó. El 10 de diciembre no hubo participación opositora (con excepciones contadas, claro está) y el partido de la dictadura arrasó.

¿Qué se reclama en primera instancia, entonces? La estrategia. La ausencia de estrategia ha sido una evidencia: desde que Diosdado Cabello solicitó el 23 de enero en la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente (ANC) elecciones al Consejo Nacional Electoral (es obvio: un teatro para simular un ápice de legalidad), no ha habido pronunciamientos concretos por parte de la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Y el país, es obviedad recalcarlo, le ha puesto el ojo al desatino: más decepción para los opositores, más argumentos de ataque para el chavismo.

Pensar con prisa 

Desde la MUD solo hubo un mensaje que pareció más maniobra para ganar tiempos que otra cosa: “Dada la trascendencia de las decisiones a tomar, la Unidad Democrática desarrolla un ciclo de consultas con todos los sectores del país democrático para tener una posición unitaria y unificadora que nos permita enfrentar juntos a la dictadura”.

Al mismo tiempo, la jornada de este 24 dejó dos pronunciamientos que van por orillas distintas: la de los exgobernadores de Bolívar y de Lara, respectivamente, Andrés Velásquez y Henri Falcón.

 
 

Velásquez puso en duda la participación. Pero no por el hecho del carácter ilegítimo o no de la convocatoria, sino precisamente por la ausencia de la palabra de marras, estrategia.

“No podemos lanzarnos a una piscina vacía. En esas condiciones yo no iría, lo de sentido común es que nos fajemos a pelear por condiciones, esa convocatoria es irregular e ilegal”, sostuvo el dirigente de La Causa Radical, quien también planteó como punto de honor la escogencia de una candidatura unitaria mediante elecciones primarias (un planteamiento suyo y de Primero Justicia que data de noviembre).

Además de esas ideas, Velásquez presentó un programa de superación de varios aspectos de la crisis. Aunque, por si a las moscas, dijo que no estaba lanzando una candidatura.

Falcón, en cambio, cree que no hay tiempo para organizar primarias. Lo dijo durante un acto en el que, sin tapujos, presentó su nombre para las próximas presidenciales. Aunque no fue su nombre el que más aupó, sino el de Lorenzo Mendoza, a quien señaló como hombre idóneo para una transición y la ficha que podría enfrentar y derrotar a Maduro en las elecciones.

Una cosa no implica otra 

La comunidad internacional continuó reaccionando. Si el mismo miércoles el Grupo de Lima, con más rapidez que cualquier tolda venezolana, demandó que “las elecciones presidenciales sean convocadas con una adecuada anticipación, con la participación de todos los actores políticos venezolanos y con todas las garantías que corresponda, incluida la participación de observadores internacionales independientes”, este miércoles el mapamundi de opiniones fue más amplio.

Estados Unidos, a través de la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert, aupó el comunicado del Grupo de Lima y apuntó que, de haber elecciones, “no reflejarán la voluntad del pueblo de Venezuela y serán vistos como antidemocráticos e ilegítimos a los ojos de la comunidad internacional”.

Con más cautela, Alemania clamó por “una votación que sea celebrada con suficiente margen de tiempo. Un procedimiento electoral justo y transparente será en beneficio de todos los implicados porque contribuirá con la legitimidad y la credibilidad de un futuro gobierno”.

Pero, “pa’ lante es pa’ allá”, pensó Nicolás Maduro, quien el martes, y hasta en tono de sorpresa, dijo que aceptaba el reto de la candidatura y, por supuesto, de otro periodo presidencial.

“Yo soy un humilde trabajador, hombre del pueblo, si el Partido Socialista, si las fuerzas de Gran Polo Patriótico, si la clase obrera, mujeres, la juventud, creen que yo debo ser el candidato presidencial de la patria, yo estoy a la orden”, dijo desde la conmemoración de un hecho que, extrañamente, rescató el chavismo el martes: los 60 años de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez.

Pero una cosa no implica la otra. Si se revisan las reacciones internacionales, en el fondo, nadie plantea la no participación: lo que se plantea es la exigencia de las condiciones idóneas para una elección. ¿Y cuáles son las condiciones idóneas? Una elección transparente, sin coacciones sobre empleados públicos ni sobre los estómagos hambrientos, con un colegio electoral sin parcialidades y sin el ventajismo intimidador del partido de Gobierno.

Por el otro lado, está, entonces, la necesidad imperante de establecer una estrategia: cómo se van a exigir esas condiciones, quién va a enfrentar a Nicolás Maduro y cómo se va a defender el voto.

Ejemplos recientes para aprender hay. Plausible resulta la estrategia de consulta de la MUD. Pero plausible será, igualmente, responderle al país esas tres preguntas. Y plausible será, además, convencer sobre por qué es importante votar y por qué hacerlo por el candidato unitario. En el medio de todo hay, claro, un plan de gobierno que debe entusiasmar.

Estrategia, se llama.

Una estrategia para lograr derrotar en esa elección nada menos que a una dictadura. Y ya hay una ventaja: la mala propaganda que con hambre, represión, inseguridad e hiperinflación tiene sobre sí el régimen.

Podría ser la última oportunidad

Estrategia, le dijeron muchos, muchísimos, este miércoles, un día después del anuncio.

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